El mal de Caín
Cuando ella se sentaba en una mesa del comedor, las demás se levantaban tras dirigirle un rictus despreciativo. Algunas veces le volcaban la bandeja entre carcajadas o le pegaban chicles en el pelo aprovechando la fila del autoservicio. En el patio paseaba, hermosa en su soledad, hasta que algunas de las otras se cruzaban voluntariamente con ella para importunarla con palabras groseras y perturbarla con amenazas dolientes.
En el autobús de vuelta a casa, en ocasiones era áun peor y la hora y cuarto hasta su barrio se convertía en una oleada de menosprecios indecentes que le producía un miedo inclemente.
Cerraba los ojos habitualmente cuando se acercaban, lo que provocaba en las demás una sucia hilaridad que les servía de aliciente para la ingeniosa humillación que vendría a continuación. Llegaron a romperle el uniforme del colegio de un tirón y en una ocasión se lastimó una rodilla al ser empujada por la escalerilla del autocar.
Por las tardes lloraba a escondidas y esa noche se acostó deseando su muerte. Quería que todas desaparecieran, que dejaran de atormentarla. Con ese pensamiento se durmió y en las profundidades del sueño, escuchó rugidos monstruosos, sintió calor lacerante y despertó por la mañana empapada en sudor.
Se duchó, se vistió con el uniforme del colegio, recogió los libros y los metió en la mochila. En la cocina le esperaba el desayuno: como todas las mañanas su madre se lo dejaba preparado antes de acudir al trabajo. Trató de recordar lo que había soñado pero no le fue posible. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Encendió la televisión mientras bebía un vaso de leche con mecánico tedio. Otra mañana infernal en el instituto le esperaba impaciente...
-"Comenzamos el informativo regional de la mañana anunciando un trágico suceso: seis adolecentes de entre 14 y 15 años han sido halladas muertas en el parque. Les prevenimos que las imágenes que van a ser proyectadas a continuación pueden herir la sensibilidad..."
En las imágenes, reconoció con estupor a las chicas que le agredían continuamente. Estaban tiradas en el suelo apoyadas unas en otras. Sangraban por los oídos y tenían quemaduras por todo el cuerpo.
No pudo evitar sonreir mientras apuraba el vaso de leche y recordaba punto por punto lo que había soñado esa noche.
En el autobús de vuelta a casa, en ocasiones era áun peor y la hora y cuarto hasta su barrio se convertía en una oleada de menosprecios indecentes que le producía un miedo inclemente.
Cerraba los ojos habitualmente cuando se acercaban, lo que provocaba en las demás una sucia hilaridad que les servía de aliciente para la ingeniosa humillación que vendría a continuación. Llegaron a romperle el uniforme del colegio de un tirón y en una ocasión se lastimó una rodilla al ser empujada por la escalerilla del autocar.
Por las tardes lloraba a escondidas y esa noche se acostó deseando su muerte. Quería que todas desaparecieran, que dejaran de atormentarla. Con ese pensamiento se durmió y en las profundidades del sueño, escuchó rugidos monstruosos, sintió calor lacerante y despertó por la mañana empapada en sudor.
Se duchó, se vistió con el uniforme del colegio, recogió los libros y los metió en la mochila. En la cocina le esperaba el desayuno: como todas las mañanas su madre se lo dejaba preparado antes de acudir al trabajo. Trató de recordar lo que había soñado pero no le fue posible. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Encendió la televisión mientras bebía un vaso de leche con mecánico tedio. Otra mañana infernal en el instituto le esperaba impaciente...
-"Comenzamos el informativo regional de la mañana anunciando un trágico suceso: seis adolecentes de entre 14 y 15 años han sido halladas muertas en el parque. Les prevenimos que las imágenes que van a ser proyectadas a continuación pueden herir la sensibilidad..."
En las imágenes, reconoció con estupor a las chicas que le agredían continuamente. Estaban tiradas en el suelo apoyadas unas en otras. Sangraban por los oídos y tenían quemaduras por todo el cuerpo.
No pudo evitar sonreir mientras apuraba el vaso de leche y recordaba punto por punto lo que había soñado esa noche.

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